Celedonia (II)

Era ya una jovencita cuando, una tarde de toros,   conoció en Madrid a un elegante caballero pelirrojo, de inteligencia vibrante y porte distinguido. Amante de la dialéctica, dotado especialmente para la palabra, tenía el ímpetu y la mirada desafiante de los triunfadores.  Su honradez e integridad eran tan visibles como su atractivo con las mujeres, por las que sin embargo no se dejaba llevar, ocupado, como todos los grandes hombres, en cambiar y mejorar el mundo. Celinapasaba por entonces algunas  temporadas en la capital de España, algo más cosmopolita que el pequeño pueblecito cántabro de su familia paterna y que el reducido mundo de la mansión en que su madre, muerto su padre, se escondía del desprecio hacia su raza. Madrid. Un lugar en el que pasar más desapercibida.

Fue un alivio y casi un sueño ser pretendida por el caballero, un joven y destacado abogado que llegaría a sergobernador provincial en tiempos de la República. Su boda fue espectacular, por todo lo alto, y sus primeros años recién casada, en lacasa del Conde de Romanones enGuadalajara fueron los más felices de su vida.

Nació su primer hijo, al que cuidaba una institutriz inglesa. Luego vino su hija, a la que asignó otra institutriz. Fueron tiempos prósperos, holgados, dignos de las fascinantes heroínas novelescas  que tanto admiraba.

Cuando la guerra estalló, su vida saltó en mil pedazos. Su marido fue encarcelado por el bando Nacional,sus bienes fueron requisados y, para sobrevivir junto a sus hijos, tuvo que ir vendiendo sus propiedades, sus muebles, sus joyas… cuando no tuvo para dar de comer al servicio, lo fue despidiendo.  Las dos tatas de sus hijos y alguna criada fiel permanecieron junto a ella renunciando a cobrar un sueldo. La convencieron para alquilar habitaciones y se encargaron de todo, dejando asi a la señora un resquicio de dignidad… sin ellas no habría podido salir adelante.

Si. Hubo gente bondadosa que le ayudó en aquellos tiempos difíciles… removió algunos contactos para tratar de interceder por su esposo, encerrado en la celda de los intelectuales junto a otros ilustres de su época, escritores, pintores, políticos bajo amenaza diaria de fusilamiento que a veces dejaba de ser amenaza y se convertía en un hecho. Muchos murieron

No dudó en recorrer despachos para rogar  por su marido. Y por remover y pedir, le acusaron de pertenecer al Socorro Rojo y la encarcelaron tres años. Hubo que separar a los niños, que fueron acogidos por familiares y amigos temporalmente, pero sin fecha de retorno, alejados entre si y sin el amparo de sus padres.

Al acabar la guerra, tras sus años de cautiverio y los otros siete años que su esposo permaneció en prisión, llegó el exilio. El caudillo  dictaminó que debían irse a vivir al menos a 400 kilómetros de Guadalajara einvalidó el título universitario del padre de sus hijos, lo que le impidió ejercer el resto de su vida.

No sólo eso, al antiguo ex convicto político no le daban ni el peor de los trabajosNo había qué comer. Pero la familia se reunió de nuevo. Y nació un hijo más…